Desde hoy y hasta el día 27 el barrio madrileño de Lavapiés está de fiesta gastronómica. La tercera edición de Tapapiés, la Ruta Multicultural de la Tapa, renueva durante este arranque otoñal su compromiso con una de las tradiciones españolas más auténticas. Es probable que los que habéis nacido en España consideréis la tapa como un componente más de vuestras vidas, tan natural como comer, dormir o ir de fiesta. Para los que hemos nacido fuera, sin embargo, el “ir de tapas” constituye uno de nuestros descubrimientos más valiosos. Nunca pensé que tendría algo que agradecer a la monarquía, pero las anécdotas que intentan explicar el origen de tan divertida costumbre me han hecho replantearme esta cuestión. Al parecer fue alguno de los Alfonsos el promotor del tapeo.

Algunos dicen que Alfonso X “El Sabio” decidió impulsar la sana costumbre de comer mientras se bebía con el fin de salvaguardar a sus súbditos de los efectos etílicos del vino. Otros, en cambio, señalan al rey Alfonso XIII como el artífice de la tapa, una loncha de algún embutido colocada encima del vaso de vino que evitaba la mezcla del valioso líquido con todo tipo de asquerosos bichos o molestos componentes. Es evidente que este último monarca no había tenido el disgusto de probar algunas de las repugnantes mezclas que en la actualidad se conocen bajo el nombre genérico de cócteles. Si lo hubiera hecho estamos seguros de que una mosca más o menos dentro de su bebida no hubiera causado tanto revuelo.

Es cierto que la tapa ha evolucionado mucho con el paso del tiempo. A los productos estrella como la aceituna, los embutidos y los quesos se han sumado sabores venidos del mundo entero, revoluciones culinarias y detalles exóticos. Los extranjeros adoramos esa forma de comer que garantiza variedad y buena mesa. La informalidad del tapeo, su falta absoluta de protocolo, esa libertad de comer en pequeñas dosis sin orden ni concierto o el maridaje y sus infinitas combinaciones seducen y crean adicción. Y cuando creíamos que la tapa languidecía, cuando rumiábamos por lo bajo que tendríamos que acompañar el vino sólo con nuestros pensamientos, la crisis ha llegado para destruir casi todo pero también, cosa asombrosa, para rescatar a la tapa de su letargo madrileño. Empiezan a reaparecer tímidamente junto a nuestras copas de vino en bares y tabernas como reclamo ante una crisis que se ha llevado nuestros bolsillos por delante.

No es casualidad entonces que sólo en este mes de octubre se hayan organizado en la ciudad rutas de la tapa en dos de los barrios más emblemáticos de la capital. Si en el post pasado comentábamos el evento organizado en Malasaña y patrocinado por la cerveza Mahou, en esta ocasión Lavapiés toma el relevo y nos invita a adentrarnos en el barrio siguiendo el rastro de la pequeña pero inmensa tapa. Tapapiés cuenta en esta edición con la participación de 75 establecimientos que competirán por ostentar el título de la mejor tapa del barrio. A diferencia de Malasaña, las tapas en Lavapiés tendrán un precio de 1 euro, 2 si añades a la consumición un botellín o caña de Estrella Dam. Los más puristas y defensores de la tapa como la acompañante insustituible del vino habrán notado la alianza estratégica que en los últimos tiempos ha unido a la tapa con la cerveza. Esta bebida se ha ido imponiendo poco a poco en el panorama español, alcanzando su máxima expresión con el actual “boom” de la cerveza artesanal. No es de extrañar entonces que grandes marcas cerveceras vean en la tapa el complemento ideal para sus productos.

Pero Tapapiés se ha planteado también como un gran evento cultural que llenará las calles de música y arte. Durante el fin de semana la plaza de Lavapiés, el Mercado de San Fernando y otros espacios urbanos acogerán variadas expresiones culturales que reflejan una de las señas de identitad del barrio: su espíritu inclusivo y acogedor, su multiculturalidad. El pasacalles africano y el grupo de danza y percusión Docakene dan voz a un continente con una fuerte y asentada presencia en el barrio. Las melodías balcánicas de la Million Dolar Mercedes&Band, los ritmos latinoamericanos de Consuelo y Andrés, la exquisita fusión del flamenco y Latinoamérica que propone La Camaradería, o los aires de cabaret de la Desvariétés Orquestina son algunas de las propuestas para un fin de semana que promete colmar con creces cualquier expectativa.

Si consigues estar desde bien temprano por el barrio -algo que a los noctámbulos y habitantes del extrarradio se nos antoja una misión imposible-, lo ideal es empezar la mañana a la sombra de uno de mis espacios preferidos. Tras una fachada que anuncia un salón de peluquería de otra época, cuando todo se hacía con más tranquilidad y sin tanto sobresalto, el café El Mar en el 31 de la calle Embajadores ofrece a sus clientes el sosiego de un salón doméstico y una familia amorosa y acogedora. Siempre me he sentido allí como en mi hogar, y a veces mejor, puesto que ni en sueños de mis manos saldrán alguna vez tantas delicias artesanales y ecológicas. Si nada más consigue relajarme, un buen zumo de frutas y alguna de sus estupendas tartas seguro que lo logran. Creo que no necesito nada más. Sólo quedarme allí, tranquila, viendo a los vecinos pasar con ese ritmo tan propio del barrio.

Mi plan incluye igualmente explorar las propuestas de la Tabacalera Promoción del Arte. Mientras que el espacio La Fragua expone por primera vez en España la obra de la artista peruana Grimanesa Amorós -consistente en una instalación que conjuga el sentido escultórico y de ocupación del espacio con la poética de la luz-, la última exposición del Premio Nacional de Fotografía Manuel Vilariño rescata el género de la naturaleza muerta desde una visión contemporánea. Un paseo por la calle Doctor Fourquet completa el panorama artístico del barrio. La trascendencia para el arte contemporáneo de esta arteria que atraviesa Lavapiés por uno de sus extremos es fundamental. Importantes galerías de arte como Helga de Alvear (cuya colección puede visitarse aún en el CentroCentro de la Plaza Cibeles) o Espacio Mínimo habían elegido esta calle para asentarse por su cercanía con el Museo Reina Sofía. Pero las buenas ideas se propagan como la peste, así que muchas galerías han corrido en los últimos tiempos a ocupar su sitio en una calle que se ha vuelto imprescindible para los amantes del arte. La galería Liebre, una de las últimas en llegar, está celebrando su nueva ubicación con una exposición colectiva cuyo nombre, Los Titulares, alude al trabajo de los artistas emergentes, la gran apuesta de este espacio artístico.

Recalar en el Mercado de San Fernando hacia la hora de comer suele ser otra de mis manías. Esta vez, al menos, tengo un buen pretexto. No sólo se encuentra celebrando la tercera edición de la Semana de la Fruta sino que también participa activamente en Tapapiés con actividades como el concierto del grupo Mastraka en la mañana del sábado o la implicación de 17 establecimientos del mercado en la ruta gastronómica. Me seducen, particularmente, la tapa a base de espuma de aguacate, cilantro y lluvia de granada de la frutería El Rincón; los sabores griegos de Exargia con su crema de berenjenas, queso feta, aceitunas y aceite ecológico; o el cus-cus con aliño de tomate seco y macerado de manzana y boquerón de Komoenkasa. Siempre fiel a La Pistola, esa panedería que no deja de tentarme con panes de todos los cereales existentes sobre la faz de la tierra, no dejaré de probar su pan de malta con berenjena ecológica confitada con salsa de yogurt.

Entre tapa y paseo siempre llega la noche, y ahí tampoco el barrio decepciona. El Teatro del Arte, en el número 3 de la calle San Cosme y San Damián, continúa su lucha casi titánica por mantener con aliento al teatro independiente. Para este fin de semana el espacio propone dos actuaciones de muy distinto cariz: Las hermanas Rivas, una especie de tragicomedia a tres bandas mezcla de drama provinciano con comedia negra, y el espectáculo musical Sueño de una orquesta de verano. Otro de los espacios del barrio que nos apasiona es La Victoria, en Santa Isabel 40. Abierto a propuestas artísticas innovadoras, al teatro y a la música, y con un gastrobar que cubre satisfactoriamente las exigencias de un aceptable “picoteo”, pareciese que La Victoria ha llegado para quedarse. La programación de los viernes, sobretodo, llama poderosamente nuestra atención. Apetecible resulta sin duda la Friday Up Sessions de la mano del locutor Américo Salazar. Algo más tarde la noche sigue siendo de música, pero esta vez a cargo del grupo Garoa que combina ritmos brasileños como la samba y el choro con canciones clásicas del repertorio musical del gigante sudamericano. Por si todo esto no fuera suficiente vuelve La Casa Encendida a revolucionar el panorama musical madrileño con uno de los conciertos más importantes que tendrán lugar en Madrid durante este año. Algunos me podrán llamar exagerada pero Esplendor Geométrico, a pesar de no ser profeta en su tierra, es uno de los pioneros de la música electrónica en España.