Una de las iniciativas culturales más relevantes acontecidas en nuestro país durante el mes de marzo recién finalizado fue sin duda el Festival Miradas de Mujeres. Cerca de 347 actividades entre exposiciones, conferencias, talleres y concursos protagonizaron el programa de 162 instituciones a lo largo de la geografía nacional. El objetivo: reivindicar el espacio de la mujer en el ámbito artístico, el trabajo de artistas, comisarias, investigadoras o gestoras culturales que, escuece decirlo, no son ajenas a las problemáticas que siguen afectando a la mujer en el mundo laboral del siglo XXI. La discriminación por cuestiones de género en el ámbito profesional es una realidad que cualquier mujer de mi generación ha sufrido en algún momento de su corta carrera profesional. Preguntas indiscretas sobre nuestra vida personal en el transcurso de una entrevista de trabajo -la cuestión de la maternidad es quizá la más socorrida-; o salarios más bajos que los hombres a pesar de ejercer la misma profesión con iguales cuotas de responsabilidad son algunos de los obstáculos que encuentra una mujer profesional al rebasar la barrera de los treinta años. Pero no son los únicos, y cada una de las integrantes de Mujeres en las Artes Visuales (MAV) -asociación organizadora del festival- seguramente tendrá historias propias o cercanas que contar al respecto.

Cuestiones todas ellas ajenas, sin duda, a nuestra valía como profesionales o, en el caso de las artistas, a la calidad de su trabajo. En un mundo donde el éxito profesional se mide por el grosor de la cartera, en el cual eres lo que tienes en una cuenta bancaria y el mercado gobierna buena parte de nuestras vidas -lo queramos o no, seamos conscientes de ello o no-, el hombre sigue siendo un activo más “rentable” que la mujer en cuanto a su dedicación en horas, que no en eficiencia, al trabajo. En un entorno empresarial como el español este fenómeno es aún más palpable debido al anacronismo de vincular el número de horas que un trabajador permanece en su puesto con un criterio de productividad. Si a esto sumamos el lugar que tradicionalmente ha sido asignado a la mujer en el seno de la sociedad -el espacio doméstico y el ámbito de la reproducción- nos encontramos con el caldo de cultivo perfecto para la perpetuidad de la brecha laboral entre hombres y mujeres. Y si alguien piensa todavía que el Arte -supuesto reducto de la espiritualidad y la creatividad del mundo contemporáneo- escapa a este orden de cosas, no tiene más que volver a los datos y aguzar el oído. Algunas opiniones son clarificadoras, como esas del coleccionista que en algún artículo que ya no recuerdo justificaba su tendencia a comprar obras de artistas hombres por el hecho de que las mujeres tenían menos probabilidades de mantener en el tiempo su carrera y, por tanto, las obras de autoría femenina serían menos rentables en el futuro.

Las herencias incómodas no son nada fáciles de remover. Los roles adquiridos tampoco. Los avances son muchos pero claramente insuficientes. Las renuncias, en muchos casos, resultan extremadamente dolorosas. Los detractores de iniciativas como esta esgrimen el argumento de la inutilidad de la discriminación positiva para solucionar, de una vez y por todas, una brecha que para nada es artificial ni creada por el feminismo militante. Aducen que la tal discriminación no es otra cosa que una discriminación negativa hacia los hombres, que no se trata de igualdad, sino de sustituir la preponderancia del hombre por la de la mujer. Y si bien estamos de acuerdo en que este tipo de discriminación no es ni por asomo la solución al problema -lo sería, por ejemplo, la racionalización de los horarios laborales, unas políticas de conciliación familiar reales que no se queden en el gesto inocuo y populista y que se establezcan de manera igualitaria para hombres y mujeres, una sólida red de recursos sociales (un mayor número de guarderías públicas, por ejemplo), entre otras muchas-, al menos funciona como catalizadora de dos procesos fundamentales. Por una parte la discriminación positiva visibiliza el problema, lo pone de manifiesto en la voz de defensores y detractores quienes generan una polémica más que necesaria. Por otro lado la discriminación positiva compensa una situación de partida desfavorable para la mujer.

Por todas estas razones iniciativas como el Festival Miradas de Mujeres son una necesidad prioritaria. Y aunque el objetivo es que durante el mes de marzo la mujer tenga una mayor presencia en los ámbitos e instituciones culturales, la meta es que dicha presencia se haga efectiva el resto de los meses del año. Desde Coordenadas Urbanas queremos corresponder al trabajo de tantas mujeres que hacen de la cultura un espacio más democrático y heterogéneo. Para ello nos hemos planteado inaugurar esta sección de Mujeres en el Arte con una selección de exposiciones de artistas femeninas alrededor del mundo durante el pasado 2013 y el arranque de 2014. Las limitaciones del formato, por supuesto, condicionan una lista en la que faltan muchísimos nombres. Contamos, no obstante, con vuestras contribuciones para dimensionar la verdadera relevancia de la mujer en el arte contemporáneo.

 

Shirin Neshat (Qazvín, Irán, 1957): el trabajo de esta artista iraní residente en New York se articula en torno al tema de la identidad híbrida y la situación de la mujer en la sociedad islámica. Su obra transita entre la fotografía, el video y el cine, y denota esa cualidad reivindicativa que no necesita de la violencia o la tensión explícita para estructurar un mensaje potente de denuncia. En 2013 tuvimos la gran oportunidad de acercarnos a su trabajo a través de la muestra Shirin Neshat. Escrito sobre el cuerpo, celebrada en el Espacio Fundación Telefónica de Madrid del 6 al 1 de septiembre de 2013.

 

 

La obra de Shirin Neshat también fue incluida el año pasado en la exposición colectiva She who tells story. Women Photographers from Iran and the Arab World, celebrada en el Museo de Bellas Artes de Boston del 27 de agosto de 2013 al 12 de enero de 2014. La muestra incluía también el trabajo de 12 fotógrafas contemporáneas provenientes  de países islámicos. Junto a Shirin Neshat exponían sus trabajos Jananne Al-Ani, Boushra Almutawakel, Gohar Dashti, Rana El Nemr, Lalla Essaydi, Shadi Ghadirian, Tanya Habjouqa, Rula Halawani, Nermine Hammam, Rania Matar y Newsha Tavakolian. Para nosotros constituyó un auténtico descubrimiento el trabajo de estas artistas, la mirada autóctona, reflexiva. Profundizando en el tema nos hemos topado con un excelente artículo de Piedad Solans con el título de La emergencia de las artistas en el mundo islámico El exhaustivo análisis de la autora sobre la situación de la mujer artista y sus condicionantes en este ámbito geográfico-cultural pone voz a unas obras que constituyeron todo un hito durante nuestro periplo norteamericano.

 

Mystified, 1997. Fotografía de Shirin Neshat en el Museo de Bellas Artes de Boston, 2013.

Mystified, 1997. Shirin Neshat en el Museo de Bellas Artes de Boston, 2013.

 

Mother, Daughter. De la serie Doll, 2010. Obra de la fotógrafa yemení Boushra Almutawakel.

Mother, Daughter. De la serie Doll, 2010. Boushra Almutawakel en el Museo de Bellas Artes de Boston.

 

 

Rebecca Horn (Michelstadt, Alemania, 1944): el 2013 fue testigo de la primera gran exposición personal de la artista multidisciplinar alemana en Rusia. Del 15 de mayo al 14 de julio el Museo de Arte Multimedia de Moscú acogió la muestra The Suitcase of Escape, integrada por un total de 35 obras que analizan la trayectoria artística de Horn. Escultura, intalación, fotografía, cine, literatura y música se entrecruzan en la carrera de una de las artistas que más ha influido en el trabajo posterior de creadores contemporáneos. La obra de Horn se encuentra muy influida por la experiencia vital de la artista. Traumas y enfermedades llevaron a Horn hacia su insistente preocupación por el cuerpo humano. Los límites del cuerpo junto al interés por el maquinismo conforman los ejes centrales de su trabajo. Sus extraños objetos detentan vida propia. Las instalaciones desbordan el espacio y recrean atmósferas mentales que perviven en una dimensión temporal.

 

 

Para los que no pudimos viajar a Moscú ARCO 2014 reservó algunas obras de Rebecca Horn en la galería italiana Studio Trisorio y la mallorquina Pelaires.

 

Obra de Rebecca Horn en la galería Pelaires. ARCO 2014

Obra de Rebecca Horn en la galería Pelaires. ARCO 2014.

 

 

Glenda León (La Habana, Cuba, 1976): proveniente del mundo de la danza y la Historia del Arte el trabajo de esta joven artista cubana encuentra en la multidisciplinaridad la herramienta perfecta para transmitir sus mensajes sencillos pero contundentes. El dibujo, la fotografía, el videoarte, el arte objetual, el performance y la instalación convergen en su obra de forma orgánica, diríase incluso que natural. Ya sea trastocando el sentido de objetos que pasan desapercibidos, construyendo pequeños gestos en la forma de dibujos o estructurando instalativas metáforas del espacio y el tiempo la obra de Glenda demanda toda la atención que la materialización de la poesía requiere. De raigambre postconceptual y minimalista su trabajo conjuga una sensibilidad especial hacia lo que nos rodea con la reflexión asentada en un sólido posicionamiento.

El año pasado la artista llevó a cabo junto al chef Paco Roncero el primer art happening de Krëemart en nuestro país. El mismo tuvo lugar en los jardines del Museo Lázaro Galdiano como parte de la celebración de Apertura. Afincada en la capital de España desde hace algún tiempo el 2013 fue también testigo de su estreno en la Bienal de Venecia con la instalación sonora Música de las esferas, desarrollada en el Museo Arqueológico Nacional de esa ciudad.

 

 

Pero si hubiera que destacar alguna de las muestras en las que Glenda León presentara su trabaja el año pasado nos decantamos sin duda por Bruit Bleu, celebrada del 19 de enero al 24 de marzo en el Château des Adhemar, Montélimar, Francia. Su obra ha sido incluida, durante el presente año, en la muestra colectiva de videoarte de mujeres artistas que bajo el título de Feminis-Arte II puede verse en el Palacio Cibeles hasta el 17 de agosto. Alicia Framis, Beth Moysés, Ambra Polidori, Marisa González, Teresa Serrano, Estíbaliz Sadaba, Rosalia Banet, Anna Jonsson, Priscilla Monge, Maria Cañas, Alejandra Delgado, Corine Stübi, Florencia P. Marano, Marina Núñez, Maria José Argenzio, Nilbar Gúres, Ana Carceller y Helena Cabello son las artistas participantes, junto a Glenda León, en una muestra que disecciona las principales preocupaciones y medios de expresión del videoarte de autoría femenina.

 

Cielo prohibido. Glenda León, Château des Adhemar, Montélimar, Francia, 2013.

Cielo prohibido. Glenda León, Château des Adhemar, Montélimar, Francia, 2013.

 

 

Angela Bulloch (Ontario, Canadá, 1966): el discurso de la artista canadiense afincada en Berlín conjuga el interés por la formas geométricas y la preocupación minimalista por la síntesis, la estructura y los materiales, con análisis asentados en el orden de la percepción y el uso de la tecnología. Representada en España por la galería Helga de Alvear durante el 2009 expuso en dicho espacio la muestra Smoked, Formed & Quartered. Más recientemente la galería madrileña presentó la última exposición de la artista en España, Pentagon Principle, una suerte de estudio sobre la distorsión del pentágono y los efectos lumínicos sobre la percepción.

 

Pentagon Principle. Vista de la exposición de Angela Bulloch en la galería Helga de Alvear, 2014

Pentagon Principle. Vista de la exposición de Angela Bulloch en la galería Helga de Alvear, 2014.

Angela Bulloch en la galería madrileña Helga de Alvear, 2014.

Pentagon Principle. Vista de la exposición de Angela Bulloch en la galería Helga de Alvear, 2014.

 


En ARCO 2014 la obra de Angela Bulloch fue presentada por la galería belga Micheline Szwajcer y la alemana Esther Schipper. En esta última el sonido y la música se alzaron como absolutos protagonistas. La pieza de Bulloch, Small Music Listening Station: RYB, establece paralelismos entre los colores y la música utilizando como detonante de su reflexión el formato del vinilo.

 

Angela Bulloch, Small Music Listening Station: RYB. Stand de la galería Esther Schipper en ARCO 2014.

Angela Bulloch, Small Music Listening Station: RYB. Stand de la galería Esther Schipper en ARCO 2014.

 

 

Sandra Cinto (Santo André, Brasil, 1968): el trabajo de esta artista brasileña desvela el espacio de lo simbólico, de la Naturaleza añorada y marginada, de lo espiritual que se materializa en formas insospechadas. El Arte como el lugar del sueño, del imaginario, que expande sus límites sin encontrar otras barreras que no sean las de la propia auto-imposición. Ya sea a través de la delicadeza de un dibujo o de la monumentalidad entendida como forma de generar resonancias, la obra de Sandra Cinto toca sin duda las cuerdas más sensibles, llega proponiéndoselo al rincón que reservamos para lo sutil.

Entre el 8 de octubre y el 9 de noviembre de 2013 la galería Casa Triangulo de Sao Pablo expuso una muestra personal cuyo título, Pausa, comunica por sí mismo lo que la artista pretende de nosotros: que tomemos ese tiempo necesario para mirar, para escuchar, para reflexionar. Algunas de las obras que integraron esta muestra serían expuestas por la galería posteriormente en su stand de ARCO 2014, donde tuvimos la oportunidad de detenernos a añorar la belleza de ese raro momento de armonía.

 

Obras de la exposición Pausa de Sandra Cinto en Casa Triangulo, Sao Pablo.

Obras de la exposición Pausa de Sandra Cinto en Casa Triangulo, Sao Pablo.

 

Violines como paisajes que brotan de la pared. Sandra Cinto en Casa Triangulo.

Violines como paisajes que brotan de la pared. Sandra Cinto en Casa Triangulo.

 

El Museo de la Ciudad de Sao Pablo acogió también el año pasado una de sus intervenciones. A Casa das Fontes es una obra que discursa sobre lo cercano, lo vívido, lo añorado, la arquitectura y la historia, temas todos que sin duda estarán presentes en las dos exposiciones que para este 2014 se celebrarán en España. Nos referimos a En silencio. Sandra Cinto. El paisaje de una imposibilidad (Matadero Madrid, del 13 de junio al 31 de agosto) y la muestra que tendrá lugar entre los meses de junio y septiembre en el Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM) de Canarias.

 

 

Agnes Denes (Budapest, Hungría, 1931): la artista de origen húngaro y nacionalidad norteamericana es una de las pioneras del arte conceptual y desde la década de 1960 viene explorando las relaciones entre cultura y naturaleza en unos trabajos catalogados como arte medioambiental o ecológico. Su obra abarca una amplia gama de medios: dibujo, grabado, fotografía, escultura e intervenciones site specific. Un clásico dentro de estas intervenciones es sin duda alguna Wheatfield – A Confrontation.  Realizado en 1982 el proyecto consistió en intervenir un solar donde actualmente está el Battery Park de New York para convertirlo en un campo de trigo. La reconversión de un espacio de gran valor urbanístico en un terreno cultivable y generador de alimentos formula una potente metáfora sobre el orden establecido y la escala de prioridades del mundo contemporáneo.

 

Fotografías de la intervención Wheatfield: A Confrotation de Agnes Denes en el MoMA PS1

Fotografías de la intervención Wheatfield: A Confrotation de Agnes Denes en el MoMA PS1.

Fotografías de la intervención Wheatfield: A Confrotation de Agnes Denes en el MoMA PS1

Fotografías de la intervención Wheatfield: A Confrotation de Agnes Denes en el MoMA PS1.

 

Las fotografías que documentan esta intervención en el mismo Manhattan fueron expuestas entre los meses de mayo y septiembre de 2013 en una interesante exposición que tuvimos la oportunidad de visitar en el MoMA PS1 bajo el título de Expo1: New York. En la muestra el trabajo de otra artista, la francesa de origen marroquí Latifa Echakhch, llamó poderosamente nuestra atención. Erratum es una pieza que reproduce la estrategia implementada por Richard Serra en la década de 1960 en obras como Splash. Latifa recrea su propia versión del clásico del arte procesual lanzando contra la pared vasos de té marroquiés. Como resultado numerosos fragmentos de cristal de colores yacen esparcidos sobre el suelo de una habitación en  la materialización de una metáfora con profundas implicaciones políticas y sutiles connotaciones poéticas.

 

Erratum, obra de Latifa Echakhch en Expo1: New York, MoMA PS1, 2013.

Erratum, obra de Latifa Echakhch en Expo1: New York, MoMA PS1, 2013.

 

Cristina Iglesias (San Sebastián, España, 1956): el 2013 fue también el año de la primera gran retrospectiva de la obra de esta grabadora y escultora española, Premio Nacional de Artes Plásticas. Bajo el título de Metonimia el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía reunió en sus salas, entre los meses de febrero y mayo, más de 50 obras que ilustraban la trayectoria de la artista: desde el protagonismo del hormigón y los volúmenes compactos de la primera etapa hasta sus trabajos actuales, los cuales evidencian un significativo aumento de la escala y la preocupación arquitectónica por la ocupación del espacio. La experiencia del espectador en su interacción con la obra es otro de los intereses fundamentales de Iglesias. Sus habitaciones, pasillos y jardines manifiestan una voluntad de hacer habitable la escultura que trasciende el mero ejercicio constructivo.

 

Entrevista a Cristina Iglesias sobre Metonimia from Museo Reina Sofía on Vimeo.