Sabemos de sobra que el aire es irrespirable y el ruido ensordecedor. Maldecimos cada mañana y cada tarde nuestra existencia de citadinos atascados diariamente en las perversas carreteras. Comemos lo que podemos, a la hora que podemos, y sin atrevernos demasiado a mirar las etiquetas de los alimentos, no vaya a ser que alguna vez...